Qué bonito, sí señor. ¡El día de San Valentín es tan superguay y superespecial! Todo es tan rosa y tan edulcorado que es imposible no sentirse feliz y dichosa.
Discúlpenme un segundo, tengo que ir a vomitar.
De acuerdo, hablemos de San Valentín. Desde enanos, la gente se encarga de grabar a fuego en nuestras blandas e inocentes mentes que el 14 de Febrero es el día del superamor por antonomasia. En el colegio te hacen pintar moñadas y te cuentan gilipolleces, y luego esas cosas hechas en las clases de plástica (NUNCA podré entender por qué resulta tan difícil llamarle "arte" a esas clases) las llevas a casa con un montón de emoción y los ojos llenos de lagrimillas para dárselo a la persona que (se supone) más quieres en el mundo, que suele ser tu padre o tu madre (eso te dicen en el cole, tú dices que sí pero lo que más te apetece es dárselo a tu perro, que lo adoras por encima de todo) y ellos te miran con cara de padres orgullosos y felices aunque por dentro estén cagándose en los malditos profesores que les llenan la casa de dibujines y collares de macarrones con purpurina.
Imagino que llegados a este punto de las lecturas del blog, habréis deducido que soy una fémina (al menos así consta en mi DNI) con lo cual, he sufrido las mamonadas sobre el San Valentín como casi todas las mujeres del mundo.
Por si Disney no era suficiente para torturarnos desde pequeñas con esas cosas del hombre ideal y su puta madre, en la vida real te atosigan con que el día de San Valentín es todo maravilloso y es el mejor día del mundo mundial para compartir con uno de esos hombres de película. La industria cinematográfica te avasalla también con momentos idílicos llenos de corazones, rosas, bombones, paseos interminables por Central Park (si no paseas por allí no es un San Valentín ni es nada, aunque vivas en la Patagonia) mientras comes algodón de azúcar sonriendo como una boba mirando al hombre fantabuloso (nunca salen parejas homosexuales, el cine es así de guay) mientras él te lleva de la manita y te dice que ha preparado una velada fantástica a la luz de las velas en el restaurante más hipercaro de la ciudad.
Os diré una cosa; como a alguien se le ocurra hacer eso algún día conmigo, el algodón de azúcar se lo meteré por donde todos sabemos y me iré a cenar un frankfurt yo solita.
Evidentemente, a la vez que prodigan todas las maravillas del día de San Valentín perfecto, te están lanzando un mensaje muy claro: Si ese día estás sola, estás jodida y tu mundo es una mierda. Y teniendo en cuenta que la mayoría de la población tiene un criterio nulo (todos sabéis que es así, ahora no jodamos con tonterías), si llega la fecha y no tienen pareja a la que colmar del amor más hiperabsoluto, pillan una depresión de tres pares de narices y se autocompran una caja de bombones para comer a solas en el sofá mientras miran una peli de llorar (eh, los topicazos peliculeros molan la vida o más).
Y así te tienes que ver, con 14 o 15 años, con la pubertad dando por el culo y todo un planeta que corea al unísono "all you need is love". Y tú estás ahí, con tus granos y tu estilismo dudoso, suspirando de amor por algún capullo sin remedio y sintiéndote la mierda más enorme del universo porque, pasará el día y habrás estado más sola que la una.
¿Me podéis contar qué cojones le pasa al mundo? Porque el jodido problema es que hoy, caminando por la calle yendo al curro (y como cada 14 de Febrero) la gente va por el mundo como un patrón hollywoodiense a la espera de que ocurra todo eso. ¿Dónde están esos mamones navideños que en épocas de lucecitas y árboles van gritando por la calle que los Reyes no existen? ¿Dónde están ahora? ¿Por qué no hay ningún listillo por la calle gritando cosas como que "el amor no existe", o las típicas capulleces de que es un invento de El Corte Inglés? (el día de San Valentín, no el amor, bueno, o quizá también, vaya usted a saber).
Tendrán que perdonarme por mi poco romanticismo, pero me mola más pensar que el día de San Valentín se celebra porque un iluminado de hace montones de años, le quitó la ceguera a una pobrecita niña con algún superpoder chachi (en nombre del Señor, por supuesto), a no caer en la absurdez de ir a llorar un rincón por no tener una cajita de bombones.
Y para terminar, les dejaré con una frase acorde con el día, para que no se piensen ustedes que soy una desalmada sin remedio:
"Un corazón es una riqueza que no se vende ni se compra, pero que se regala."
-Gustave Flaubert-
Por eso les he dejado yo un bonito corazón como entradilla para el post. Así que venga, ¡todos a sufrir hiperglucemia!
2 comentarios:
Doña Minadea, mis respetos. Ahora voy yo con lo mio... Cuando quiera usted, no la invito a tomar algodón de azúcar pero si estoy en disposición de invitarla a un frankfurt (sin ninguna mala intención, usted ya lo sabe, pero también sabe que amo los dobles sentidos)
El hecho de que tenga que especificar su doble intencionalidad me perturba, señor Yupimaster.
Me perturba.
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