Me enerva. Me saca de mis casillas de una forma extrema. Es verle la cara y que me entren unas ganas irrefrenables de hinchársela a puñetazo limpio sin sufrir ningún tipo de remordimiento. No tiene ningún tipo de sentido porque soy una de esas afortunadas que no ha escuchado prácticamente nada de lo que ha hecho este niño moñas.
¿Quién es Justin Bieber? No tengo ni jodida idea y en realidad me importa bien poco. Sé lo que tengo que saber; que es un niñato más de la industria musical (no, en serio, ¿por qué no le cambian el nombre ya y dejamos de mancillar el concepto "música" de una maldita vez?) al que le escriben mierdas de letras infumables que él se dedica a cantar (me duele escribir eso) con su voz cargante y jodidamente nasal que hace que mis oídos quieran suicidarse.
Pero lo que realmente me toca la moral es pensar que vivimos en un mundo donde el puto Bieber se está forrando haciendo mierda prefabricada y sin ningún tipo de sustancia mientras que artistas sin parangón se comen los mocos sin que se les conceda una sola oportunidad.
¿Qué cojones está pasando? Si nos ponemos a repasar la historia musical en líneas muy generales, no puede ser que hayamos pasado de la maravilla de las voces como Billie Holiday al maldito bodrio de niño que se peina con una cacerola. No estoy aquí para hacer un post cronológico sobre la música, pero juro que algún día lo haré porque es algo que me apetece infinito, pero hoy sólo he venido para cagarme en la madre del pipiolo en cuestión.
Todo lo (poco) que sé sobre él, debo agradecérselo a una horda de fans enloquecidas (Youtube está petado de vídeos de ellas, es lo máximo del entretenimiento, lo juro) que defienden a capa y espada el honor de su macho alfa (disculpad si me río, pero me asombra que se haya convertido en un modelo de hombretón cuando más bien parece una niñita con pelo garçón) y que se agarran con uñas y dientes a argumentos insostenibles y berrean como perras en celo cada vez se te ocurre mancillar el buen nombre de su gran señor Bieber. Y como yo soy así, me encanta y me lo paso teta creando polémicas absurdas con niñas de 16 años (con capacidad mental de un niño de 3) que cuando ya no pueden decir nada más se ponen a llorar de rabia y te dicen: "¡Lo que pasa es que estáis celosos!".
Sí, definitivamente estamos muertos de celos y envidia absoluta por el fantástico don que se le ha otorgado y nos encontramos absolutamente desolados por no alcanzar a comprender la perfección más absoluta que supone ser Justin Bieber en nuestras tristes y miserables vidas.
Creo (y apoyo fervientemente) que deberían crear algún tipo de culto y deberían empezar a construir iglesias con la forma de su cráneo con pelo donde poder ir a rezar. Donde poder juntar a todas las "beliebers" (joder, qué puto nombre más absurdo), meterlas dentro como ganado y entonces hacer como Ryan Gosling (eso sí es un jodido Believer, aprended) y petar el recinto sin miramientos.
Lo único que me consuela es saber que se trata de una moda, como siempre ocurre con este tipo de sucedáneos musicales y que en breve caerá en el saco del olvido como los Jonas Brothers o los soplapollas de High School Musical (qué pesadilla), pero sí debo decir que la espera se me está haciendo terriblemente larga y ansío el día en que pueda reírme de todas las niñas que han hecho barbaridades en nombre de Justin.
Os espero sentadita en mi sofá, escuchando al señor Bowie (me mata de amor) mientras sonrío de forma maligna haciendo tiempo para empezar el descojone sonoro. No tardéis, que me aburro.
