13 de enero de 2012

Dientes, dientes...

Veo la tele, lo reconozco. La veo de vez en cuando, pero lo hago. Y es posible que me esté autolobotomizando, pero la veo. Y una de las cosas que más me gustan son los anuncios.

Cuando era enana, jugaba con los cafres de mis hermanos a adivinar al primer segundo el anuncio que estaban poniendo. Acabábamos a hostias, pero eso no importa. Supongo que de ahí viene mi fijación por ellos, y los analizo y memorizo al detalle. (Ganaba siempre yo, y si mis hermanos dicen lo contrario, mienten).

A día de hoy lo sigo haciendo, pero como la edad te hace adquirir conocimientos (y tontuna a la par), podríamos decir que los miro con criterio (con el mío, que es el más de lo más). Y la mayoría de publicidad de hoy es esperpéntica. ¿Qué persona vil decidió hacer un maldito anuncio de sopa, con un niño poseído por el espíritu del dueño de Currupipi? ¿De verdad le pagaron dinero por ello?, yo espero que le pagasen con algún tipo de antipsicótico y lo mandasen muy lejos de la humanidad.

Pero bien, la cuestión que me ocupa hoy es: los anuncios de pasta de dientes.

Mundos idílicos, familias enteras rebosantes de felicidad, contando las horas para reunirse todos y hacer una excursión masiva al baño porque la tarea de cepillarse los piños se convierte en la actividad por excelencia en la unidad familiar, los niños no dan el coñazo, se cepillan los dientes con energía y entusiasmo, tienen todos unas bocas perfectas y un esmalte blanco y precioso, y seguramente desconocerán el concepto "dentista". No hay cabida para ese matasanos en una escena de estas características. Todo es perfecto, es así.

Entonces; ¿alguien podría contarme POR QUÉ yo, embelesada por tanta maravilla sobre el mundo de la higiene bucal, cuando me cepillo los dientes parezco una epiléptica en pleno ataque? ¡Eso no pasa en los anuncios!. No veo a nadie soltar espuma por la boca, ni enjuagarse, ni destrozarse las encías y terminar con una mezcla terrible de espuma y sangre corriendo por el lavamanos.

Debería ser punible. Debería poder denunciarles por crearme falsas esperanzas de momento feliz. Debería poder forrarme a su costa por tal engaño.

Y no tengo más que añadir por hoy, que sólo de escribirlo me encabrono y trazo un plan mental para cargarme a toda la plantilla de Colgate metiéndoles el superblanqueador por sitios destinados a otros fines.

4 comentarios:

TenTen dijo...

En cuanto a la higiene bucal y sus engaños publicitarios y conspiraciones, creo que es lícito informar, aclarar y/o recordar que, en el anuncio de Lacer, el amable galán que compra a su novia la pasta de dientes(porque es la que usaba en casa de sus padres) a modo de cálida bienvenida al hogar que ambos compartiran durante los próximos años y hasta que la muerte los separe, es el que todos recordamos como "el cierrabares de visprin".
Con eso creo que lo digo todo acerca de esta conspiración a nivel mundial.
Saludos.

Yupimaster dijo...

Y esto es lo que me saca de mis casillas!

Minadea dijo...

-TenTen, creo que un día haré una crónica del cierrabares, que por más anuncios que haga lo seguirmemos viendo todos igual. Estigmatizado de por vida, como Yahel.

-Yupimaster, me has descubierto, ese es mi propósito con el blog, emular a Peter Griffin. Maldito.

Yupimaster dijo...

muajajajajajajaja!!